lunes, agosto 06, 2007

Indecisión

No sé cuál ponerme. Media hora con el rollo de la camisa. Sí, quizás la azul. No, no, la azul no. A ver. Ésta sí. Qué bien me sienta el granate. Ahora un poco de colonia y listos. Las llaves en el bolsillo derecho, la cartera en el bolsillo interior. Los billetes del tren también. Sí. Una última ojeada, campeón. ¡Ole el espejo! Si es que estoy fenomenal. Joderr. ¿Esto qué es? ¿Una mancha? Maldita sea. Y el tiempo se me echa encima. Pues la azul. Hala, la azul de los cojones. Jódete con la mancha. Entonces la corbata de rayas. Puto desorden. ¿Dónde estás corbata? Mierda. Bueno da igual, la floreada. O tal vez la de topos. No, topos no. La floreada, sí. Y si no, sin corbata. Qué tarde es. Venga, todo bien cerrado. Va, ascensor. El vecino capullo ése que se cree que el ascensor es suyo. Y rima y todo. Si es que soy un poeta. Acaba ya, mamón. Menos mal. Qué calor en la calle. Anda qué suerte, un taxi.
-Dígame, señor.
-A la estación del tren.
-Bien, señor. ¿A qué hora sale su tren?
-A las cuatro.
-Ejem... ¿sabe usted que son las cuatro menos diez?



8 comentarios:

Ana di Zacco dijo...

Yo por si acaso llevo encima una chuleta con mis deseos, para que no se me olvide con la emoción del momento :)
Se agradece tu visita a mi blog.
Un abrazo desde aquí.

Marc dijo...

Eso pasa por tener varias camisas, y que todas te sienten bien.

Estoy decidido: beso

humilde dijo...

....camisetas oscuras.... lo mejor y la mar de fresquitas....

....el corto genial.... XDDDD

Mallén dijo...

Coincido con Marc: lo peor en esos casos es la capacidad de elección...
Cariños!

Isa dijo...

Es lo que tiene ser indeciso, sobre todo a la hora de pedir deseos.
Saludos y gracias por la sonrisa.

coco dijo...

Yo en diez minutos puedo correrme tres veces. El taxista era un güebón.

Pierrot dijo...

Doy fé que es cierto.

Eso de que ya tienes todo y empiezas a hacer tiempo puliendo lo impulible hasta que ya no te queda tiempo para deshacer lo hecho.

Que importante que tanta indecisión nazca en un espejo.

Saludos desde Lima.

Osselin dijo...

La inseguridad engendra monstruos.